25 de febrero de 2010

Historia de una profesión: Arnaut

El presente resumen toma como referencia el libro Historia de una profesión de Alberto Arnaut. Para tal efecto he de considerar una división por capítulos, de la misma forma en que el autor los presenta. Al final se ofrece una valoración (comentario) general.
Capítulo 1: Origen de la profesión.

En los principios del México independiente el ingreso a la profesión docente era autorizado por los ayuntamientos, así como por los gobiernos de los estados, esto a partir de una serie de exámenes. El magisterio era una "Profesión libre", en el sentido que sólo se daba licencia a las corporaciones que quisiesen tener bajo su control la instrucción elemental.
Dado que no existían centros de enseñanza normal, la Compañía Lancasteriana sustituyó a los maestros en la enseñanza de las primeras letras. Cuando los liberales llegaron al poder, promovieron mayor injerencia del Estado en la instrucción primaria, puesto que los ayuntamientos consolidan su facultad para autorizar el ejercicio de la docencia, con lo cual se ve claramente la tendencia hacia la transformación del magisterio en una profesión de Estado.
Entre 1885 y 1910 se pretende uniformar y centralizar la instrucción primaria del país, entonces se unifican los planes y programas de estudio, tanto para la enseñanza primaria como para la normal. Aunado a este proceso el carácter de empleador del Estado y su facultad de autorizar licencias o títulos para ejercer la profesión, aumentan su intervención reguladora.
Por otro lado se empezó a hablar de la necesidad de exigir título profesional a los docentes, por lo cual se le otorgó a la Escuela Normal para Profesores (ENM) la facultad de autorizar el ejercicio de la docencia, de igual forma nace como un medio para centralizar y uniformar la enseñanza, sin embargo sus egresados eran insuficientes dado que preferían quedarse en la ciudad de México. (Las normales de provincia contrarrestaron esta situación). Con el auge que se le dio a la centralización y el normalismo las sociedades magisteriales se hicieron notar buscando influir en la política educativa, diseño de planes y programas y la selección de libros. Junto al control municipal para la contratación de profesores surge la necesidad de especializarse, primero en la Compañía Lancasteriana y luego en las escuelas normales modernas.
La transformación del magisterio en una profesión de Estado permitió el aumento de asalariados y disminución de maestros al servicio de los padres, se visualiza ya el precepto de gratuidad, en cuanto el gobierno paga a los maestros. Es preciso dejar claro los objetivos de las escuelas normales, éstos eran: formar maestros y autorizar el ejercicio de la docencia, formar un grupo distinto, pero con el mismo rango de otros grupos profesionistas y liberar la profesión docente (de agentes extraños que ejercían la profesión). Los normalistas recibieron mejores sueldos y puestos, que los maestros sin título, pero menores que otros profesionistas ubicados en los puestos más altos del ramo educativo .
También hay que considerar que fueron muy pocos los aspirantes y muchos los desertores de las escuelas normales. Empero la situación cambio para los normalistas, pues desplazaron a los maestros no normalistas del estrato superior del magisterio y de los principales puestos.
En cuanto al papel centralizador, cabe mencionar que las normales estatales contribuyeron con las escuelas municipales en los estados, pero se resistieron a la centralización [a nivel nacional] que propugnaba el gobierno de Díaz.

Capítulo 2. Los maestros en la Revolución (1910-1919).
Durante la revolución los maestros marcaron su influencia en los discursos y programas de los revolucionarios, sus diversas formas de vincularse fueron como docentes, militares, escribanos, asesores, publicistas o propagandistas.
Los maestros del norte se incorporaron a las filas revolucionarias desde antes y durante el periodo armado, y los del centro y sur del país hasta después del triunfo de la Revolución.
Como consecuencia del gasto guerrillero los maestros padecieron la suspensión o retrasos en el pago de sus salarios. En otro plano, tenemos que los normalistas querían constituir un grupo profesional diferente al resto de los profesionistas, pero pretendían gozar de un status semejante al de los universitarios.
La normal se diferenciaba de la universidad, en cuanto a su función nacional, pues mientras la primera tenía que difundir la lengua nacional, la historia patria y los valores cívicos, esto es, difundir la formación básica de los mexicanos; la segunda, tenía que contribuir a forjar el alma nacional mediante la investigación y la reflexión filosófica sobre la realidad del país.
El título de profesor de educación primaria se declaró equivalente al de los estudios secundarios o preparatorianos.
Con la Revolución hubo una mayor inestabilidad en las condiciones de trabajo: en el empleo, en el irregular pago de los sueldos, en la politización del reclutamiento y en la movilidad del magisterio en el servicio. Pero por otro lado, amplió las oportunidades políticas para el magisterio.

Capítulo 3. Los maestros y las normales de los gobiernos revolucionarios (1920-1943).

En 1921 se estableció la Secretaría de Educación Pública (SEP) con jurisdicción en todo el país, con lo cual renace la política centralizadora de la enseñanza primaria, pero persiste la resistencia local.
En el plano de cobertura educativa, se establecieron numerosas escuelas rurales, que privilegiaron a los maestros que conocieran la región, aunque se creía que el reclutamiento de maestros sin experiencia pedagógica llevaría al fracaso de la educación pública y desprestigiaría a la profesión docente...
En 1922 la SEP funda la primera normal rural, como política a la situación antes planteada. Los maestros rurales tenían como función: incorporar a los campesinos e indígenas en la vida nacional, organizar a la comunidad para mejorar su higiene, formas de producción, comercialización de sus productos, sus sistemas de comunicación y transporte.
A finales de 1934 el artículo tercero constitucional sustituye la educación laica por la socialista, la cual tendió a ser combatida por la iglesia, padres de familia y las autoridades locales. Una de las consecuencias fueron las decenas de maestros heridos, mutilados o asesinados por grupos reaccionarios y conservadores locales. Durante el gobierno Cardenista el magisterio termina por erigirse como una profesión de Estado, gracias a la acción educativa de la SEP y el control logrado sobre el sistema escolar, pero también se ve permeado por el sindicalismo.

Capítulo 4. La unidad nacional y el crecimiento estabilizador del magisterio (1943-1970).

Torres Bodet emprende una política, cuyos objetivos eran: suprimir la educación socialista y reformar los planes y programas de estudio de la enseñanza primaria y normal.
En 1944 se funda el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio (IFCM, llamada la escuela normal "más grande del mundo"), cuya función consistía en regularizar la condición profesional de los maestros sin título. Dentro de sus logros están la de homologar a los maestros rurales y urbanos: titula a los sin título, basifica a los sin base y escalafona a los sin escalafón.
Sin embargo, había fuga de maestros de la docencia a otros trabajos, pues los incentivos no eran muy llamativos que digamos. De igual en las normales se hizo presente la deserción escolar, por abandono, inscripción en otras normal o renuncia para estudiar en alguna escuela no normalista. Por tal motivo era menester crear políticas que permitieran a los alumnos terminar sus estudios, así que se hizo obligatorio que los alumnos becados terminaran sus estudios donde iniciaron, ejercieran la profesión diez años como mínimo, y prestaran sus servicios iniciales dos años en escuelas rurales.
Existía también un embotellamiento escalafonario, causada por la distancia tan estrecha entre las categorías, por la concentración del personal en servicio en los altos puestos y la baja movilidad por reemplazo en los puestos más altos a causa de no querer jubilarse.
Durante el gobierno de López Mateos, Bodet lleva a cabo el Plan de once años, el cual comprendía un programa de expansión de las escuelas primarias federales (la cobertura era su objetivo principal). Tras la creación de nuevos centros escolares, los profesores vieron ampliado su mercado ocupacional y las probabilidades de movilidad.
Cabe mencionar que en 1959 la educación secundaria se independiza y pasa a ser antecedente de la enseñanza normal.
Ahora bien, es preciso señalar lo que menciona Berrueto (citado por Arnaut), esto es que, la SEP sufre un debilitamiento del control sobre el personal docente, en beneficio de la influencia sindical (entonces, no nos extrañe lo que sucede hoy día) y del desorden e incumplimiento de los maestros.

Capítulo 5. Una solución temporal (1971-1976).

Los nuevos maestros eran cada vez más urbanos, pero debían trabajar las zonas rurales, esto en parte a la ampliación de la cobertura en aquellos lugares donde la educación no había llegado.
En 1973 la Asamblea Nacional de Educación Normal logró que los egresados de las normales salieran con el título de maestro en educación primaria y, al mismo tiempo, con el certificado de estudios de bachillerato. Los maestros recibían su primera plaza en el medio rural, pero tan pronto como podían, dejaban la comunidad y se trasladaban al pueblo, a la ciudad o a la capital del Estado (lo cual continúa hoy día).
En otro plano, tenemos la situación de los maestros de educación secundaria, donde una porción tenía formación para la docencia y los demás eran de profesiones libres. En este sentido la ENSM debía atender la demanda de educadores para este nivel, pero la saturación provocó el abatimiento de sus nivel académico, y deterioro e insuficiencia de su infraestructura. Como consecuencia se multiplicaron y expandieron las normales superiores en el país.
Sin embargo, en los planteles normalistas existía una deficiente planta de profesores, falta de recursos económicos, infraestructura y materiales, además la matrícula tendía a concentrarse en los cursos intensivos de verano (algunas normales sólo trabajaban en esta temporada).
La SEP y el SNTE buscaban dar a la profesión docente el mismo rango que el resto de las carreras universitarias, por lo que se creó un programa de licenciatura en preescolar y primaria para el magisterio en servicio, dichos cursos estaban a cargo de la Dirección General de Enseñanza Normal (DGEN).

Capítulo 6. Disputa de la profesión (1976-1988).

En 1978 la SEP creó delegaciones en cada entidad, con lo cual pretendían tener mayor control sobre los sistemas escolares federales en los estados, acción que para el sindicato representaba un atentado a sus intereses.
Volviendo al tema de la licenciatura, el presidente Miguel de la Madrid elevó al rango de licenciatura todos los tipos y especialidades de la educación normal, estableciendo el bachillerato como antecedente obligatorio de la enseñanza normal. Al respecto la SEP y el SNTE, presentan diferencias, pues la primera se orientaba porque fuera el bachillerato general el antecedente de la normal, mientras el segundo abogaba porque fuera pedagógico. Finalmente, tras insistencias del sindicato, se crean bachilleratos pedagógicos a cargo de las escuelas normales.
Es preciso rescatar que el haber impuesto el bachillerato como antecedente de la normal generó mayor desestimulación para ingresar a ella. Las autoridades se vieron obligadas a la contratación de maestros no normalistas. Si a eso le agregamos que la enseñanza normal era de calidad deficiente, los problemas se ahondan.

Capitulo 7. Afrontando la crisis de la profesión (1988-1994).

El sexenio inicia con un conflicto político-sindical (no especificado por el autor), con lo cual aparece en 1989 Carrera Magisterial, el cual actualmente es un sistema de estímulos para los Profesores Mexicanos de Educación, el cual tiene el propósito de coadyuvar a elevar la calidad de la educación, mediante el reconocimiento y apoyo a los docentes, así como el mejoramiento de sus condiciones de vida, laborales y educativas. Los Profesores participan de forma voluntaria e individual y tienen la posibilidad de incorporarse o promoverse, si cubren todos los requisitos y se evalúan conforme a lo indicado en los Lineamientos Generales de Carrera Magisterial.


Critica:

Como es posible visualizar, el autor se orienta por el papel político o de poder que el magisterio fue creando desde el México independiente hasta 1994 (y a la fecha), asimismo ya maneja el poder del SNTE. Así pues, para cerrar sólo rescato ciertos puntos que me resultaron de especial interés por su trascendencia y casi vigencia en el magisterio.
En primer lugar, encontramos que Arnaut menciona que al SNTE le preocupaba la invasión de profesioncitas no normalistas en el personal docente de las escuelas secundarias y normales primarias, hoy día parece que este interés ha desaparecido y si esta presente no se ve, si bien es cierto, el SNTE no es el organismo que lanza la convocatoria para el examen de oposición, si participa en conjunto con la SEP, de hecho es el sindicato quien “da” las plazas vacantes.
Siguiendo con el sindicato, hay que señalar que desde sus inicios el SNTE busco erigirse como el organismo controlador del sistema escolar por antonomasia, pasando incluso por el “poder” que debería corresponderle a la SEP, quien poco a poco ha ido delegando sus funciones al sindicato, bien porque no puede con el “paquete” o porque el SNTE ha llegado a ser la fuerza “del” magisterio, sobre todo en cuestiones políticas.
Por otro lado, quiero tocar un poco el punto que refiere a Carrera Magisterial, que desde mi punto de vista, lejos de lograr uno de sus principales objetivos, que es mejorar la calidad educativa, solo ha creado un interés por mejorar la calidad de vida del docente sin resultados que demuestren los avances en la educación, a esto hay que agregar la existencia de maestros que no ingresan al sistema porque les resulta difícil. Además se dice, (no me consta) que aflora la corrupción en los procesos para la selección de los que serán ascendidos.
El magisterio, a lo largo de la historia, ha logrado ganar poder y ser una fuerza que se hace notar, el sindicato que lo representa casi en su totalidad es uno de los aparatos de representación más poderosos y de mayor influencia en las decisiones educativas (actualmente).
En definitiva, el magisterio seguirá cambiando, las políticas también, el sindicato parece entregar a sus agremiados, el Estado quiere deslindarse de la responsabilidad de brindar educación gratuita, lo que le espera a la educación aún está por verse, pero mientras existan maestros dispuestos a luchar por los ideales de justicia, democracia, equidad.... y todos aquellos que hagan de la nación un pueblo libre y no sometido a regímenes la educación publica se defenderá.


Bibliografía:
Arnaut, Alberto (1998). Historia de una profesión. Los maestros de educación primaria en México, 1887-1994, Secretaría de Educación Pública, Centro de Investigación y Docencia Económicas. México

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